Enclavado en la playa de Flamands, el hotel Cheval Blanc St-Barth ofrece un espacio de lujo único donde el tiempo se vuelve lento. Siendo el único palacio del Caribe, se despliega como un paisaje tropical que se clava en la retina, pero también en el alma. Encarna ese refugio al que quisiéramos escapar cuando las cosas no salen bien, un rincón donde la elegancia se disfruta descalzo... Cada momento parece diseñado para que agradezcas por estar vivo. Inspirado en los paisajes más exuberantes, nos hace testigos del encantador abrazo entre el azul del mar y la luz dorada de la isla.
Naturaleza e imaginación se dan la mano para que cada segundo cuente, desde el toque poético de Jean-Michel Othoniel hasta la artesanía atemporal de Jacques Grange. Recostadas sobre sus jardines exuberantes con el sello de Madison Cox y unas irresistibles aguas esmeralda, cuenta con 61 habitaciones, suites y la exclusiva Villa de France. Desde el amanecer hasta el anochecer, hay sobre la mesa una exquisita pausa gourmet que te invita a aterrizar en el momento presente dentro de sus agradables espacios gastro: La Case (oda al Caribe), La Cabane (delicias caribeñas, con los pies en la arena), White Bar (chic tropical), Le Kiosque (para los amantes de los dulces) y Carta Blanca (experiencias gastronómicas personalizadas).
La zona de bienestar aúna una parte significativa de la experiencia con rituales Guerlain, estudio fitness, sesiones de yoga, acceso a la playa con tumbonas y piscinas relajantes. Además, cuenta con experiencias locales que pueden personalizarse para que tu estancia sea memorable. En el hotel Cheval Blanc St-Barth, el lujo deja de ser un lugar y se convierte en una forma de sentir el tiempo, suspendido entre el mar y el silencio.