Muchos sueñan con estar en Mykonos por sus pintorescas casas azules y blancas y sus caminitos escondidos, pero no reparan en que hay rincones exclusivos que hacen del destino algo muchísimo más atractivo. Lugares donde el tiempo adquiere otra connotación y las horas de reloj no parecen importar tanto. Uno de ellos es Cavo Tagoo Mykonos, un hotel suspendido sobre una colina de roca blanca frente al mar Egeo. Se alza como una extensión natural del paisaje cicládico: líneas puras, piedra tallada por el viento, piscinas que se funden con el horizonte y una arquitectura que parece haber sido esculpida por la luz misma.
La construcción se ha realizado sobre una antigua cantera y, a día de hoy, ya se alza como uno de los iconos de la hospitalidad de Mykonos. Su propuesta enamora hasta al más ermitaño, combinando a la perfección la esencia tradicional griega con el minimalismo contemporáneo. Tiene un servicio personalizado que invita a perderse en la experiencia de la isla, con conserjes especializados en crear momentos memorables. Desde el primer instante, la sensación es la de haber llegado a un lugar donde el lujo no se mide en silencios, al son de un spa completamente equipado con piscina cubierta.
El silencio de una mañana azul observando el mar desde una terraza privada. La armonía de una puesta de sol que tiñe de oro las paredes blancas. El abrazo de un instante perfecto que no necesita ser compartido para ser inolvidable. Estas son las pequeñas cosas que definen lo que es quedarse en Cavo Tagoo Mykonos, con habitaciones, suites y villas con vistas al mar y una decoración personalizada. Algunas de ellas cuentan con bañera de hidromasaje y piscina privada, pero en todas tienes esa sensación perfecta de que estás donde debes estar.